CELIA VIÑAS OLIVELLA

1915 - 1954


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Una intensa personalidad
Muchos son los calificativos que la persona de Celia Viñas ha sugerido: vital, entusiasta, carismática, irradiante, amorosa, infatigable, anticonvencional, catalana, almeriense… Eugenio D’Ors, crítico ilustre de la época, va más allá: “Bárbara y preciosa, inmemorial y a la orden del día, vena del volcán arrastrando llamas y pedruscos, fenómeno cósmico”. Una mujer joven que llega a la Almería de 1943, desde Barcelona y Mallorca, con una mentalidad y unos criterios sin muchos tabúes sociales, acabó ganándose el respeto y la admiración de los almerienses. Incluso quienes arrugaron la nariz a su llegada a la ciudad tuvieron que reconocer sus aportaciones a la ciudad y a sus más jóvenes. Su actitud política y religiosa, en su contexto histórico, fue respetuosa. Llegó a ganarse el cariño hasta de la Jefe de Falange, según cuenta Celia en una carta a su familia: “Sabe que no pertenezco al partido y nada más. Pero mi emoción ante ceremonias religiosas, una emoción estética interpretada de una manera muy andaluza, mi voluntad de trabajadora infatigable, mi intachable conducta…” A Celia le gusta la música clásica y las coplas populares, toca a menudo la armónica, se hace amiga de los pintores indalianos y otros artistas, necesita beber de muchas fuentes. Amó sin aspavientos las tierras de España, que recorrió en la medida que pudo. Incluso llegó a Marruecos, llevando a sus alumnos en viaje escolar. Por sus versos desfilan muchos nombres de pueblos y ciudades.
En una excursión a Mojácar, Almería, en 1949.